miércoles, 17 de octubre de 2012

Capítulo 7.


Me metí detrás del tobogán para ver que era y, para mi sorpresa, era una niña pequeña. Llevaba un vestidito veraniego y unas chanclas. Estaba sentado en el mini banco que hay debajo del tobogán. Me acerco a ella, no sé de qué, pero me resulta familiar.
-¡Charlotte!-Dijo con voz de niña pequeña adorable, cosa que era. Ya sé de qué me sonaba.
-¡Lana! ¿Qué haces aquí?-Me acerqué a ella dejando el paraguas a un lado y agachándome para estar a su altura.
-Quería venir al parque.
-Pero… ¿Tú sola?, ¿cómo has venido?
-Es que Derek me mandó a la cama temprano porque venía una amiga y yo quería ir al parque. Al poquito de acostarme, me puse la ropa y bajé las escaleras. Iba a decirle a Derek que me llevase, pero, se ve que su amiga se hizo pupa con algo, no paraba de chillar, supongo que Derek la estaría ayudando. Entonces, en vez de preguntárselo, salí por la puerta trasera.-Oh no, oh no, menos mal que la pequeña no vio nada. Joder, que descuidado es Derek, sabiendo que hay una niña pequeña en casa… -¿Por qué pones esa cara?- No sé qué cara he puesto, si de asco, de confusión o ambas cosas.
-Pues, que estoy sorprendida de que hayas venido sola, ¡es peligroso!, te podía haber pasado algo.- Mentí, no iba a decirle “tengo cara de haberme enterado de que tu hermano se está liando con una ahora mismo y tú por poco lo ves”, a demás, si es que supiera lo que es “liarse”. No sé qué hacer, si matarlo o... matarlo o no sé, que gilipollas.
-Pero, no me ha pasado nada, estaba jugando cuando empezó a llover y como no llevaba paraguas, pues espero a que pare de llover.
-Bueno, lo hecho, hecho está-le dije.
-¿Me vas a llevar a casa?-JAJAJAJAJA, ni de coña, ahora no, a saber lo que estará pasando en tu salón.
-Em… Toma, ponte mi chaqueta- me quité la chaqueta y se la puse, le quedaba un poco grande, pero, por lo menos, no le dará frio. Había parado de llover.- ¿Quieres un helado?- le pregunté.
-¿No me vas a llevar a casa?
-¿No quieres? Pues entonces…- no me dejó terminar.
-¡Sí, sí!, ¡Helado, helado!- oins, que adorable.
Me cogió de la mano y salimos del parque. Comenzamos a andar, y como llevaba chanclas, cada vez que había un charco, la levantaba con la mano y ella saltaba. No paraba de reírse. ¿Me la puedo comer? Que adorable.
Llegamos a la heladería. Las heladerías siempre están abiertas por las noches, es verano.
-Buenas noches, ¿qué desean?- dijo la dependienta.
-Hola, pues, para mí, un cucurucho mediano de nata con oreo y para ella…-dije mirándola.
-Una tarrina pequeña de chocolate- dijo mirando los helados. La dependienta me miró, esperaba mi aprobación. Yo moví la cabeza en modo de afirmación. La dependienta fue a prepararlos. Lana empezó a tirarme del brazo. Me agaché para estar a su altura.
-¿Sabes qué?-me dijo.
-¿Qué?-le dije dedicándole una sonrisa.
-Te has pedido el mismo helado que Derek siempre se pide- se me borró la sonrisa de la cara, no tenía muchas ganas de hablar de él, la verdad.- Pero, tú no se lo digas, ¿vale?
-¿Por qué no se lo puedo decir?
-Porque Derek no quiere que le cuente a sus amigos nada de él, dice que si son sus amigos, ya saben lo que tienen que saber, no tengo porqué contar nada.- Si que tiene una hermana un poquito bocazas, normal, todos los hermanos pequeños son así. Pero, que exagerado es, la verdad.
La dependienta me entregó los helados. Le di su helado a Lana y pagué.
Cuando guardé el monedero, salimos de la heladería y nos sentamos en un banco. Cuando los terminamos, se me ocurrió.
-Te voy a llevar a un sitio precioso, no es muy conocido- cuando dije esto, Lana me miró con un brillito en los ojos.
Me cogió de la mano y comenzamos a andar. Hace mucho tiempo que no voy a este sitio. Comenzamos a caminar por el paseo marítimo. Cuando llegamos a final de él, por la parte donde se ponían a pescar. Giramos y nos metimos por callejuelas, hasta llegar a un callejón, era un callejón bastante estrecho, tenían que pasar de uno en uno. Este callejón lleva a un lugar sin salida. Cuando llegamos, Lana se quedó con la boca abierta.
Era un pequeño parque, no muy grande, pero este no tenía los cacharritos del parque, sino, que era un parque de plantas. Todo lo que cubría el suelo, era césped. Allí había unas cuantas farolas que iluminaban con un tono blanco azulón. El césped brillaba bastante, ya que como había llovido, estaba mojado y al dar la luz con él, pues brillaba. Al principio, lo que ves es un laberinto, es decir, desde ahí no sabías si era grande o pequeño o como era. Yo, como ya había estado, lo sabía. Al andar un poco dentro de él, daba a una fuente con bastante césped alrededor. Al lado de la fuente, había un columpio de un único asiento. También había algún que otro banco y alguna farola. Estos bancos son los mejores del pueblo. Nunca se mojan, ya que, de la parte de atrás de este, crecen unos árboles de tronco fino que unos cuantos metros más arriba, estaban las ojas de las plantas que hacían como de paraguas. Las paredes del laberinto de setos y arbustos, son muy altas, tan altas que ni se ven las farolas del otro lado, solo se ve un resplandor de luz. En este parque era raro ver a alguien en él, por eso, mi prima y yo, nos referíamos este parque como, nuestro parque.
Lana se lo pasaba de muerte. Estuvimos todo la noche corriendo, para arriba, para abajo; en el columpio, dando vueltas a la fuente. Había vuelto a mi infancia.
Me senté un momento en el banco y cogí mi móvil. Le envié un mensaje a Sarah, en el que ponía: “El martes te vienes a mi casa a dormir x”. A los pocos minutos, recibí un mensaje suyo. En él ponía: “Vale, pero no me hagas cosas extrañas ;) x”. A lo que yo le respondí: “Tú no eres un miembro de One Direction, no te voy ha hacer nada ;)”. Mire la hora, eran las doce. Guardé el móvil y busqué con la mirada a Lana. Cuando la ví, me la encontré durmiendo en el banco de al lado. NO quería despertarla, a si que la tomé en brazos y la iba a llevar a su casa. No pesaba nada.
Ya estaba casi llegando a su casa, cuando giramos la carretera, miré haber si habían llegado, pero no se vé luz en mi casa, no han llegado aún. Cuando me iba acercando a casa de Derek, cada vez andaba más lento. Yo creo que Jessica ya no estará en su casa.  Su casa no tenía luz en el salón, pero, al acercarme, pude ver como estaba la luz de su habitación encendida.
Ya estaba delante de la puerta, si que toqué con los nudillos los suficientemente fuerte para que se enterase. Se escuchaba alguien andar dentro de la casa. Abrieron la puerta. Allí apareció Derek, sin camiseta y el pelo alborotado. Quizás un poco cansado, ya que bostezó, pero, cuando me vió con su hermana, abrió los ojos como platos. Miró hacia las escaleras.
-No la busques, que la llevo en brazos. ¿Dónde está su cuarto?-le dije.
Él no dijo nada, simplemente, se dio la vuelta y empezó a subir las escaleras. Yo le seguí. Llegamos a su habitación, era una habitación típica de una niña pequeña, con mucho rosa.
Al dejarla en la cama, le quité la ropa y le puse el pijama. Derek no paraba de mirarme. Dejé la ropa encima de una silla y arropé a Lana. Salimos y cerramos la puerta de su habitación. Me empezó ha hablar cuando empezamos ha bajar las escaleras.
-¿Pero?,¿cómo?-me dijo.
-Si tienes visita, date cuenta antes lo que haces y de quién está en la casa contigo.
Iba a salir, pero Derek fue más rápido y se puso delante de mí, evitando que abriese la puerta.
-¿A que te refieres?
-Que si tienes visita y no pretendes jugar a la oca con esa persona, vigila antes quién está en tu casa y que puede ver o escuchar- dije esta ultima palabra elevando el tono de voz- porque, cuando menos te lo esperas, te puede aparecer.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
-¿De que te ries?
-JAJAJAJAJAJA
-Yo no le veo la gracia.-Me di la vuelta para intentar salir por la puerta puerta trasera, pero, nada más comenzar a andar, Derek me cogió del brazo y me acercó a él.
-¿Pensabas que yo? ¿y Jessica? JAJAJAJA-me crucé de brazos. Al ver que hice esto, se empezó a reir más- no se lo que te habrá contado mi hermana, que has malpensado. Pero, no paso nada, si te refieres a que Jessica empezó a chillar porque había visto una araña… No se como habrás mal interpretado los seguros gritos que te ha dicho mi hermana- me empezó a mirar pícaro. Yo, no sabía como reaccionar, me había pillado. Solo se me ocurria una cosa que decir.
-Bitch, I’m a Directioner, yo lo malpienso todo- y después me eché a reír, no se como reaccionar en estas situaciones, si que, digo lo primero que se me pasa por la mente.
-Que loca estás-dice moviendo la cabeza de un lado para otro con una pequeña sonrisa.
-¿Me vas a hacer repetir la misma frase de antes?
-Cada día me gustan más las Directioners- Yo levanté una ceja- vale, vale, no he dicho nada.
Dicho esto, nos empezamos a reir. No se como, pero lo que pareció ser una situación comprometida, pasó a ser una sin la menor importancia. Me gusta que pasen estas cosas. O lo peor, me parece que me gusta él.