Hoy,
viernes, empieza el primer fin de semana desde que nos dieron las vacaciones de
verano, me encuentro en el coche, con mi padre y mi madre, dirección a un
pequeño pueblo de Reino Unido llamado Soluna, me sorprende que el nombre esté
en español por lo de Sol-luna, ya que solo se habla ingles, pero yo pienso que
se llama así porque la playa y el tiempo es como en España, una cosa un poco
sorprendente en Reino Unido, no entiendo como puede ser tan poco conocido.
Estaba anocheciendo, el cielo estaba en un tono azul oscuro con alguna que otra
nube rosa, pasábamos entre una que otra montaña, estaban deshabitadas con algún
que otro arbusto.
Seguro
que os preguntaréis quién soy yo, yo simplemente soy una chica llamada
Charlotte de 16 años, de una estatura y tamaño normal en mi edad. Mi pelo es simplemente
rubio, ni de tono muy claro ni de tono oscuro, largo y liso con un poco de
ondulación al final. Mis ojos son grandes de color verde oscuro intenso, era lo
que más me gustaba de mi aspecto. En cuanto a mi forma de vestir, me gustan
mucho las playeras y shorts de todos los colores y formas. Sobre mi
personalidad, no os puedo contar mucho, aún no me he encontrado a mí misma, lo
poco que os puedo contar es que me encanta dibujar, todo lo que tenga que ver
con el agua: nadar, surfear,… por lo tanto no tengo problemas respecto al tema
de ahogarme; y la música, oh si, la música, es lo que más adoro en este mundo.
Mis gustos con respecto a la música son muy variados, pero hay un tipo de música
que no soporto: el reggaetón. Me parece una forma de expresar “música”, si es
que a eso se le puede llamar música, horrorosa y absurda.
Ya
se había hecho de noche, como seguíamos por las montañas, solo se veía donde
enfocaban los focos del coche y apenas un poco del paisaje por el resplandor de
la luna. ¡Ahí esta!, Puedo ver el pequeño pueblo de Soluna a lo lejos, aunque
cuando estas dentro, no te parece tan pequeño, es precioso. Al principio del
pueblo te encuentras algunas casas en la montaña, unas un poco distanciadas de
las otras, pero no casas viejas, sino, casas nuevas y modernas y separadas con
bastante distancia. Al adentrarte al pueblo te puedes encontrar un pequeño
centro comercial, un gran hotel que también tiene apartamentos para alquilar,
supongo que será las casas que nos encontramos al principio del pueblo, no crea
que sean muy viejos los apartamentos la verdad. También podemos encontrar una
gran playa, parece que se divide en partes, por un lado está la zona donde van
muchas personas a hacer surf, ya que hay buenas olas; por la zona central se
encuentra la playa con mucha arena dentro del agua, ni una sola piedra y si te
metes mar a dentro un poco, puedes ver bastante peces exóticos y de muchos
colores; luego está el otro extremo de la playa, que tiene como grandes piedras
dentro del agua que sobresalen y salientes de tierra, donde se suelen colocar
las personas que van a pescar por entretenimiento y diversión. Podemos
encontrar también un gran paseo marítimo, el centro de este da a una gran plaza
donde se suelen realizar eventos y concursos. En el resto del pueblo podemos
encontrar casas y tiendas, unas al lado de las otras, unas más nuevas y otras
más viejas. Aunque parezca increíble, no vive mucha gente en este pueblo, la
playa no está a reventar como las de las grandes ciudades, se vive bien. Todas
las noches de verano, como vienen a veranear bastantes jóvenes, se celebran
fiestas en la playa, cada fiesta de un tema diferente, solamente te puedes
enterar del tema cuando estás en ella, no cuesta nada, es gratis, para que todo
el mundo podamos disfrutar de ellas.
No
sé cómo, pero ya estábamos aparcando el coche en la acera de enfrente de mi
casa para bajar las maletas, estaría distraída y se me habrá pasado el tiempo
volando, había sido un largo viaje. Bajamos del coche, mis padres sacaban las
maletas y las dejaban en el suelo.
-Charlotte,
llevas tus maletas a tu habitación-dijo mi padre.
Yo
le obedecí, cogí las maletas y seguí a mi madre, que iba a abrir la puerta. La
casa era normalita de tamaño, ni muy grande ni muy pequeña, tenía un pequeño
jardín en la parte delantera de la casa y por detrás. Al entrar te encuentras
un largo pasillo. Al principio del pasillo, a la izquierda te encuentras unas
escaleras de madera, debajo de estas hay una puerta que da al garaje y a la
derecha te encuentras un gran marco de madera de una puerta, pero sin ella, que
da a un espacioso salón. Al fondo del pasillo, a la derecha, te encuentras una
puerta que da a una cocina y a la izquierda, otra puerta que da a un baño. Ya
al final del pasillo, hay otra puerta que da al jardín. Subo las escaleras y
voy a mi habitación. En la parte de arriba hay cuatro habitaciones, dos en cada
lado y están pintadas de blanco. A la derecha, la primera habitación es la mía
y al otro lado se encuentra la de mis padres. Siguiendo el pasillo, más
adelante te encuentras: a la derecha, una sala con unos sofás, una mesita y las
cosas de coser de mi madre; a la izquierda, se encuentra el baño grande; al
fondo del pasillo, para acabar, hay una gran ventana y en el techo, hay como
una palanca, que si tiras de ella, aparecen unas escaleras que dan al tejado,
el tejado de la casa no tiene barandilla, por lo que es poco seguro estar ahí,
aún así, yo subía mucho, era un lugar que me relajaba y se veía un poco la
playa al fondo. Los tejados están uno tan cerca de otros que si te das impulso
y saltas, caerás en el tejado del vecino. Todas las casas que dan a esta
carretera, que son unas seis, tienen la misma estructura, vamos, que si entrase
en una no me perdería. Esto es una cosa rara aquí, ya que todas las casas son
diferentes, pero hay algunas excepciones.
Entré
en mi habitación, sigue igual como la dejé, la pared era de un tono rosa pastel
y el suelo de madera. Tenía colgado en la pared bastantes posters de grupos de
Rock and Roll en la pared como por ejemplo, uno que tengo de “The Beatles” y de
Pop-Rock como “One Direction” , realmente adoraba a estos chicos, es de lo
mejor que me ha podido pasar en la vida. A la izquierda, situándonos desde la
puerta, hay un gran armario de madera de un tono muy claro. Al lado de la
puerta, podemos ver un escritorio del mismo material que el armario y una silla
que tenía ruedas. A la derecha, tenía un baúl donde guardaba los juguetes
cuando era pequeña, el año pasado acorché la parte de arriba del baúl con un material
blanco, ahora es como un sillín. A la derecha del baúl tengo una estantería
llena de libros y otra más arriba donde tengo un equipo de música y como una
especie de rendijas para poner los discos, ahora están vacios, como voy a estar
todo el verano aquí, me he traído todos los CDs de mi casa y me he comprado
muchos libros y otros prestados de la biblioteca para el verano y me los he
traído para leerlos durante las vacaciones. Debajo de esta estantería hay un
puf que es del mismo color que la pared. Encima del baúl hay una gran ventana
que da al porche de la casa. En el centro de la habitación, en el suelo, hay
una alfombra redonda del color de la pared. Desde la puerta, si sigues recto,
te encuentras con una gran cama de dos plazas con el somier y el cabecero de
color blanco y una corcha del color de la pared. A los lados de la cama hay dos
mesitas de noche, en una hay una lámpara de lava de color rojo y un
despertador; y en la otra hay dos lámparas de lava, una de color verde y otra
de color azul, una más alta que otra. Al lado derecho de la cama, hay un espejo
colgado en la pared, al lado izquierdo de la cama, un poco más a la izquierda
de la mesita de noche, hay otra ventana que tiene un top amarillo claro, si si,
como una especie de cortina que en vez de abrirse para los lados, sube para
arriba, pues este top está en las dos ventanas. El año pasado me aburrí tanto,
que cogí unos círculos y aros de metal, los pinte de blanco, rosa pastel y
amarillo. A estos les hice una especie de agujeros y le até unos hilos
amarillos, ya que era el color que menos utilicé al pintar los círculos, de
manera que se quedaban colgando, me quedaron muy bien y los puse colgando del
techo, encima del puf. De lámparas en la habitación tengo: las tres de lava en
la mesita de noche, un flexo en el escritorio y la que colgaba de la pared, que
estaba rodeada de una especie de cúpula de tela fina blanca.
Al
entrar en la habitación, dejé la maleta llena de ropa encima de la cama y el
resto de cosas encima del baúl. Eran las 9:30, era temprano y como mañana por
la mañana iría a la playa, decidí arreglar la habitación, para mañana no tener
que hacerlo. Primero, como olía a cerrado, subí el top amarillo de la ventana
que daba al porche, subí la persiana y después abrí la ventana para que entrase
el aire fresco; me asomé por la ventana, por lo visto, mi padre ya había
guardado el coche en el garaje, ya que no estaba aparcado al lado de la acera.
Echaba de menos estar aquí, a demás, mi prima, que era una muy buena amiga mía
y de mi edad, vivía aquí y solo la veo en las vacaciones de verano, quizás mañana
por la tarde vaya a buscarla para ir a dar una vuelta. Me dirigí a la otra
ventana, hice el mismo procedimiento que con la otra, subí el top amarillo y la
persiana, después abrí la ventana y… ¡lo vi! ¡Esto es increíble!, justo
enfrente de mi ventana, a un metro, se encuentra la ventana de la casa del
vecino y para mi asombro, ¡estaba abierta!, no me lo podía creer, en todas las
veces que he venido en verano a esta casa, no había visto a nadie en esa casa,
se dice que el padre de aquella familia trabajaba y tenían que volver por
asuntos del trabajo a su ciudad, la verdad es que los comprendo, a mí los otros
veranos también me pasó eso, a lo mejor por eso nunca coincidíamos, pero este
verano me iba a quedar los tres meses enteros, ¿se quedarán ellos también?
Quién sabe. Se acaba de encender la luz de la habitación, me parece que va a
entrar alguien y entonces lo vi, un chico que parece tener más o menos la misma
edad que yo, alto y castaño de pelo entra en la habitación, acababa de salir de
la ducha y llevaba una toalla rodeándole la cintura, de repente hace un
movimiento de pelo como para apártaselo de la cara y se pasa la mano por él. Por
lo visto tiene el pelo rizado, pero como está mojado, no se nota mucho, y
¡menuda tableta tiene el tío!, seguro que es el típico chulito de playa, bagh,
no soporto a los chicos así. El chico iba para su armario, miro de refilón por
la ventana y siguió para adelante, después retrocedió para la ventana y me mira
esbozando una gran sonrisa, menudos ojazos azules tiene y esa sonrisa… mataría
a cualquier chica que pasase por su lado. De repente veo que baja la persiana.
¡Me muero de vergüenza! , me había quedado enfrente de la ventana mirando por ella
a su casa y a él y ¡él se dio cuenta!, madre mía, no sé qué hacer. Me quedé
parada unos minutos más, como hipnotizada y paralizada por la vergüenza que
tenía y en ese momento, tocan a la puerta. Se escucha una voz desde fuera.
-Charlotte,
la cena está hecha, baja a la cocina-dijo mi madre.
-Vale,
ya voy-contesto.
-No
tardes-me dijo.
Mi
madre se fue. Pensaba que debería hacer y al final decidí: bajaría a cenar y
después subiría a ordenarlo todo, como no era muy de noche, solo eran las 10:10
y yo me suelo acostar bastante tarde, dependiendo de cómo me encuentre.
Salí
de mi habitación, cerré la puerta y me dirigí a las escaleras. Las bajé con
cuidado y despacio, ya que no había encendido la luz. Al bajar, pasé por el
largo pasillo, hasta llegar a la puerta de la cocina y entré. Mi madre había hecho
la comida antes de salir de la casa de la capital, si que estaba hecha, solo
había que calentarla un poco. Cené un poco de pollo y ensalada, la verdad es
que no tenía mucha hambre, después de la vergüenza que pasé por lo de la
ventana, se me había quitado un poco el apetito.
Fregué
los platos y después subí a mi habitación, el despertador de la mesita de noche
indicaba que eran las 10:50, empecé a sacar la ropa de la maleta y a colocarla
en el armario. Después me dirigí al baño y coloqué las cosas que tenía que
poner allí. Volví a mi habitación, saqué el ordenador de su funda y lo coloqué
encima del escritorio y la funda la puse encima de la maleta para después
buscar un sitio donde dejarla. Coloqué los libros en la estantería y los CDs en
el lugar de la estantería donde tenía las rejas para estos. Cuando ya acabé de
colocar todo en su sitio, miré la maleta y la funda del ordenador sin saber dónde
colocarla, ya eran las 12:00 y como no tenía muchas ganas de comerme la cabeza,
metí la funda dentro de la maleta y la coloqué debajo de la cama, sencillo pero
efectivo. Por un momento miré por la ventana que daba a la casa del vecino, seguía
la persiana bajada. Me estoy empezando a preocupar un poco, y si por lo que ha
pasado hace apenas unas horas ¿no vuelve a subir la persiana?, bah, no creo que
sea por eso, me estoy comiendo la cabeza sin motivo. Como aún no tenía sueño,
programé el reloj para despertarme a las 11:00, ¿por qué no?, estoy de
vacaciones, acabo de acabar mi primer año de bachillerato y no tengo ganas de
levantarme temprano, me encanta dormir. Este verano cumplo los 17 años y el año
que viene, ¡por fin 18!, tengo unas ganas de poder ser libre, de poder tomar
mis propias decisiones, de poder ir a un sitio sin tener que dar explicaciones
a nadie, aunque eso, me parece que hasta que no me mude a vivir a otro sitio,
voy a tener que seguir dando explicaciones, pero bueno, son gajes del oficio.
Como
me aburría y no era tenía muchas ganas de hablar con nadie por el móvil, ya que
no eran horas, ni por el ordenador, decidí coger un libro de la estantería, al
azar y empezar a leerlo. Cogí uno, se titulaba: “Mi Último Verano En Las
Nubes”; este libro lo cogí prestado de la biblioteca, menos mal que me han dado
de fecha para entregar todos los libros que cogí hasta después del verano,
sino, no podría leerlos todos. Primero, deshice la cama, después me tumbé en
ella y empecé a leer, poco a poco me fui quedando dormida y el libro poco a
poco, lo fui apoyando encima de mis pies.
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